Detrás de los problemas más difíciles se hallan personas, grupos de personas que no se llegan a entender. Podemos culpar al crimen, la guerra, las drogas, la avaricia, la pobreza, el capitalismo o la inconsciencia colectiva, pero en última instancia son las personas quienes causan los problemas.

Arnold Mindell

Facilitación

Asumir la libertad e igualdad de todos los seres humanos, crear comunidades sostenibles, tener relaciones humanas más sinceras e intensas... todo ello tiene su precio. Cuesta tiempo y mucho esfuerzo aprender a convivir con la diversidad de ideas y gentes que defienden dichas ideas, a moverse en la multiplicidad de humores y quereres que nos envuelve, a reconocer y aceptar las muchas y cambiantes necesidades de la gente que nos rodea. El conflicto puede surgir en cualquier momento, seguramente siempre está presente en una forma latente, y si actuamos alegremente corremos el riesgo de vernos atrapados en una espiral de destrucción y sufrimiento.
Como seres sociales que somos buscamos los demás para emprender mil y un proyectos que nos permitan realizarnos individual y colectivamente. Pero muchas de estas iniciativas fracasan, y con cada fracaso aumenta nuestra desconfianza por lo colectivo, a la vez que los pequeños o grandes desgarrones que sufrimos nos van haciendo más duros e irascibles. No cabe la menor duda que parte de este fracaso se debe al tipo de sociedad que hemos construido y en particular a las estructuras sociales (familia, escuela, empresa, etc.) que la conforman, más dadas a favorecer las posturas individuales y la competición que los planteamientos colectivos y de cooperación. Pero lo cierto es que, como dice A. Mindell, detrás de todas las estructuras se hallan personas, y son personas las que en última instancia están en el origen de los conflictos y de los fracasos colectivos. No podemos pretender cambiar las estructuras si primero no cambiamos como personas. La historia ha probado repetidamente que los cambios dirigidos no funcionan. Todo cambio exterior en la línea de un mundo más solidario, más cooperativo, más respetuoso con la naturaleza y las personas... pasa necesariamente por un cambio interior que nos haga a nosotros mismos más repetuosos, más solidarios, más colaborativos. En definitiva, que nos haga más conscientes.
Se trata sin duda de una tarea ardua y que exige mucho esfuerzo, porque como dice también Mindell, machista, sexista, racista, etc. no es sólo áquel que se comporta de esa manera, sino también áquel que viendo alrededor gente que se comporta de esa manera, no hace nada por evitarlo. Porque entonces está condescendiendo con aquello que dice criticar. De poco sirve hablar de cómo debería actuar la gente si nosotros o nos comportamos igual o nos escabullimos de los problemas reales por miedo a que nos salpique.

Ahora bien, ¿cómo intervenir en las situaciones conflictivas en las que nos vemos envueltos? ¿cómo organizarnos con otras personas y tomar decisiones colectivas que sean del agrado de todos? ¿cómo remodelar nuestros comportamientos y actitudes personales para favorecer la colaboración, la diversidad, la empatía? ¿cómo formar colectivos y comunidades duraderas? Necesitamos herramientas, técnicas, desarrollar nuevas habilidades. Necesitamos formarnos, reeducarnos, desaprender algunas cosas y aprender muchas nuevas.
Si aspiramos realmente a cambiar el mundo, todos deberíamos pasar por este proceso reeducativo y de transformación personal. Pero como en todo proceso de difusión horizontal, es necesario que se creen focos desde los que se irradien estas ideas. A las personas que en cada uno de estos focos trabajan por un aumento de la conciencia individual y colectiva, se les llama facilitadores (palabra corriente en los países anglosajones, aunque se pueden utilizar otras palabras según el contexto en el que intervengan: animadores, mediadores, pacificadores, dinamizadores, etc.). Facilitación es la labor que estas personas llevan a cabo.
Ser facilitador no es nada fácil. No basta con aprender "teoría" para luego aplicarla desde fuera y sin mancharse. Se necesita una formación, sin duda, pero lo más importante es el propio trabajo interior. Necesitamos conocernos bien para conocer los procesos grupales e intervenir correctamente. Necesitamos aumentar nuestra capacidad de escucha, nuestra capacidad para sentir y captar atmósferas, necesitamos aprender a aceptar posiciones tan diversas que nos puedan parecer incluso contradictorias. Necesitamos saber convivir con nuestros miedos e inseguridades, reconocer nuestras debilidades. Necesitamos ser humildes.

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