El resurgir de la vida comunitaria. La propuesta ecoaldeana

El agotamiento de una forma de vida

La sociedad actual se enfrenta a retos para los cuales no existe una respuesta adecuada desde las viejas formas de pensamiento y acción. El crecimiento económico sin límites, ejercido como un derecho más del individuo en el uso de sus libertades, está siendo cuestionado tanto desde el punto de vista ecológico como social. Desde el ecologismo se nos advierte del peligro que supone alterar los ecosistemas naturales en el grado que se está haciendo en la actualidad, tanto en lo referente a la extracción ininterrumpida de materias primas, como en la emisión incontrolada de residuos, o la reducción de los espacios naturales y la pérdida de biodiversidad. Desde el activismo social se insiste en que el crecimiento económico sin más no sirve para reducir las desigualdades existentes entre países ni dentro de un mismo país, ni ayuda a promover la democracia y la justicia social. De hecho, en los últimos años estas desigualdades no han hecho sino aumentar. Mientras una pequeña parte de la población se ha enriquecido hasta extremos nunca vistos, una gran mayoría global vive cada vez más hundida en la pobreza.

En un ámbito más cercano, individualismo y capitalismo, las dos grandes ideas que gobiernan actualmente el pensamiento global, se traducen en hábitos y prácticas que regulan inconscientemente nuestra forma de vida, y que, al revelarse incapaces de seguir cumpliendo su función en la satisfacción de nuestras necesidades básicas, son la base de un malestar cada vez más perceptible en amplias capas de la población. De una forma de vida basada en la familia extensa y la comunidad local como sistemas de apoyo y de realización personal, todavía visible en Occidente hace apenas 50 años, hemos pasado a una forma de vida individualista y mayoritariamente urbana, cada vez más exigente en términos de capacitación y habilidades necesarias para su gestión cotidiana, sin reparos en dejar de lado a quienes no pueden, o no quieren, asumir tal grado de exigencia. La exclusión social, claramente visible en los centros urbanos de todos los países y basada en diferencias de raza, educación, clase social, etc., se ha visto recientemente reforzada por una exclusión económica que arrastra a un importante número de personas pertenecientes a la mayoría social y que, por razones que no terminan de entender, han visto perder sus empleos y con ellos sus opciones de seguir 'incluidos' en el sistema.

A las dificultades económicas que experimentan crecientes capas de la población, visibles en la precariedad de empleo, la inestabilidad laboral, la pérdida de poder adquisitivo, etc., es necesario añadir las dificultades burocráticas en los trámites administrativos necesarios para acceder a beneficios sociales como la educación o la salud; dificultades para la crianza y la educación de los hijos en una sociedad que tiende a la familia monoparental; dificultades para satisfacer necesidades afectivas básicas, como amistad, amor o realización personal, en un mundo en el que la violencia y el miedo no hacen sino aumentar la desconfianza entre las personas y producir más aislamiento, etc. Todas estas dificultades están contribuyendo a generar situaciones cada vez más difíciles de resolver a nivel individual, lo que no hace sino aumentar la dependencia de los servicios sociales del Estado —o incluso de las mafias en países con Estados fallidos—, cuando no llevan directamente al abandono y la auto-exclusión, o al aumento de la tensión y la violencia social, puntual u organizada, contra estructuras y poderes sociales y económicos a los que se les atribuye la responsabilidad de nuestro fracaso.


Redes de apoyo y comunidades de vida

Ante esta situación, para la que gobiernos e instituciones sociales y económicas no parecen ser capaces de encontrar una respuesta adecuada, cada vez más personas buscan y proponen iniciativas nuevas que les permitan satisfacer sus necesidades de una manera realmente efectiva, menos dependiente de estructuras ineficaces y jerárquicas, y más basada en la idea de colaboración desde la igualdad. En este sentido, la explosión de redes sociales de todo tipo que hemos visto en los últimos años —cooperativas de productores y consumidores de productos ecológicos, mercadillos de intercambio, grupos de crianza, escuelas alternativas, cooperativas integrales, grupos de producción y difusión de información alternativa, centros sociales, etc.— sería una respuesta a las dificultades comentadas anteriormente, una respuesta que recoge la idea de participación, horizontalidad e igualdad que muchas personas reivindican para sus vidas. Y lo mismo podríamos decir de otras propuestas que apuntan al resurgir de la vida comunitaria en la forma de 'pueblos en transición', ecoaldeas, pueblos ocupados, casas compartidas, etc.

Redes de apoyo y comunidades apuntan fundamentalmente a lo mismo: la satisfacción de necesidades básicas para el ser humano (alimentos, cobijo, energía..., pero también pertenencia, amor o propósito) desde estructuras organizativas y espacios de encuentro basados en la participación no excluyente, la igualdad, el respeto por la diferencia, la colaboración, la confianza, etc. Redes y comunidades comparten además una clara preocupación por el impacto de nuestras acciones en el entorno natural, asumiendo en general los principios y prácticas que se proponen desde el movimiento ecologista en relación con la utilización de los recursos materiales, el cuidado del agua, el uso de energías renovables, el mantenimiento de suelos limpios, etc. Por otra parte, redes y comunidades no son propuestas excluyentes entre sí. Muchas personas apuestan por la vida comunitaria, a la vez que mantienen su pertenencia a diversas redes de apoyo, lo que les permite satisfacer determinadas necesidades que no son recogidas por la comunidad, especialmente si se trata de una comunidad pequeña. Si la comunidad intencional y local es el lugar en el que vivimos y compartimos gran parte de nuestro tiempo con otras personas, la comunidad biorregional —un espacio de identidad geográfica y cultural— es el marco en el que surgen y se nutren las redes sociales.

La apuesta por la comunidad es probablemente más arriesgada que la participación en una red, ya que implica un compromiso mayor a la hora de compartir, para el que no todo el mundo está preparado. Mientras que en una red compartes con otros miembros aquellos asuntos que te interesan, en una comunidad compartes gran parte de tu vida con otras personas. El reto es muy grande, especialmente cuando arrastramos tantos patrones individualistas en nuestro actuar cotidiano, de los que ni siquiera somos conscientes, pero que dificultan enormemente la convivencia. Con todo, la idea de comunidad está ganando adeptos y, junto a las comunidades intencionales comentadas anteriormente, cada vez más personas, vecinos y vecinas de pequeñas comunidades locales (aldeas, pueblos, barrios...), muestran su interés por recuperar de alguna manera ese espacio de encuentro, participación y celebración colectiva que define la comunidad, y que ha estado visible en la mayoría de las comunidades locales del pasado.

Ecoaldeas y pueblos en transición

De todas las experiencias existentes de recuperación de la vida comunitaria, tal vez las ecoaldeas y los pueblos en transición sean las propuestas más completas y con mayor propósito transformador. El movimiento de ecoaldeas arranca a finales de los noventa, cuando un grupo de personas residentes en diferentes comunidades de todo el mundo se reunieron en la ecoaldea Findhorn (Escocia) para articular las bases de lo que luego habría de llamarse Red Global de Ecoaldeas (GEN: Global Ecovillage Network). La mayoría de las comunidades fundadoras del GEN habían nacido en los años sesenta, en otro gran momento de resurgir comunitario, motivadas por el ideal de una vida pacífica en contacto estrecho con la naturaleza. Algunas de aquellas primeras comunidades se inspiraron en los principios de la Nueva Era, que proponía un enfoque no religioso de la espiritualidad y el retorno a las tradiciones indígenas. Otras se definieron más por su activismo social y político. Las preocupaciones ecológicas llegarían más tarde, en los años ochenta, dando lugar a un tercer tipo de comunidad cuya principal preocupación era reducir el impacto humano en el entorno natural.

Todas estas ideas estaban en el ambiente cuando se creó el GEN. Así que no es de extrañar que en aquel encuentro surgiera una propuesta de vida comunitaria, la ecoaldea, que se define precisamente como un asentamiento humano, una comunidad de vida, que aspira a ser sostenible en relación con cuatro dimensiones básicas del ser humano: la dimensión social y política, donde inclusión, diversidad y cultura de paz son ideas clave; la dimensión económica, que recoge ideas como sustento justo, empresa social, financiación solidaria, etc.; la dimensión ecológica, con una aproximación sistémica de la ecología basada en la permacultura y los ciclos naturales; y la dimensión simbólica o espiritual, que nos habla de unidad, intención común y propósito compartido entre los seres humanos y el universo en su conjunto, apoyando la propuesta de un nuevo paradigma cultural en el que ciencia (occidental) y espiritualidad (oriental) se dan la mano.

Por su parte, el movimiento de pueblos y ciudades en transición nace en 2005 con el objetivo de dar herramientas a las comunidades locales para poder afrontar dos grandes retos globales que se avecinan: el cambio climático y el agotamiento del petróleo. La propuesta de este movimiento no sólo pasa por invitar a la población local a reducir sustancialmente sus emisiones de carbono y utilizar energías renovables, sino que se les conmina a replantear su forma de vida actual e introducir prácticas más sostenibles. Ello implica, entre otras cosas, reforzar los lazos comunitarios y aumentar su resiliencia, esto es, su capacidad para responder de manera autónoma, autosuficiente y efectiva a los cambios globales. En la actualidad, el movimiento de transición está extendido por todo el mundo. En el estado español, muchos pueblos, ciudades y barrios han empezado a crear grupos de trabajo sobre el tema y organizar las primeras actividades.

Perspectivas de futuro

Tanto el movimiento de ecoaldeas como el de pueblos en transición surgen como una propuesta global de transformación de los asentamientos humanos basada en la recuperación de la comunidad y en la reconexión con la naturaleza. En el caso del movimiento de ecoaldeas, esta propuesta se ha presentado en los últimos años en todos los foros internacionales sobre sostenibilidad y hábitat, y su desarrollo ha seguido una suerte diversa. Y es que aunque el ideal ecoaldeano resulta atractivo a mucha gente, las dificultades para crear ecoaldeas en los países desarrollados están siendo enormes. El número de ecoaldeas en Europa se mantiene estable desde hace 10 años sin que haya visos de un rápido crecimiento. Países como Alemania, Dinamarca, Reino Unido o Italia cuentan con los mejores ejemplos. En los últimos años, los países del Este se han incorporado con fuerza al movimiento creándose diversas ecoaldeas en países como Eslovaquia, Estonia, Croacia, Rusia, etc. En España, tras más de trece años de existencia de la Red Ibérica de Ecoaldeas, RIE, seguimos sin contar con buenos ejemplos. Salvo comunidades veteranas como Lakabe (Navarra), apenas se han creado nuevas ecoaldeas, aunque cada vez hay más grupos interesados y las perspectivas de que surjan nuevos proyectos son bastante halagüeñas.

Muy diferente es la situación en los países no desarrollados, donde el movimiento de ecoaldeas cuenta en algunos casos con el respaldo de gobiernos u organizaciones privadas. En Senegal, por ejemplo, el gobierno ha creado un ministerio de ecoaldeas con el fin de dar apoyo a miles de aldeas rurales senegaleses, que estaban viendo perder población y su capacidad para satisfacer las necesidades básicas de sus habitantes. En Sri Lanka, por su parte, la organización sin ánimo de lucro, Savordaya, cuenta con 15.000 aldeas organizadas en una red de apoyo y desarrollo sostenible. En estos casos, y en general en todos los países en desarrollo, no se trata tanto de crear comunidades nuevas, como de mantener y fortalecer las comunidades existentes, introduciendo nuevas prácticas y tecnologías adecuadas, respetuosas con la naturaleza, a la par que construidas sobre prácticas y saberes existentes.

Tras más de 15 años de experiencia ecoaldeana, la Red Global de Ecoaldeas se halla actualmente en una fase de reflexión y reestructuración estratégica. Siguiendo de alguna manera el modelo de los países del sur, la propuesta para los países desarrollados no pasa ya por animar a la gente a crear nuevas ecoaldeas, sino en utilizar las ecoaldeas existentes como laboratorios de experimentación en los que desarrollar y probar nuevas tecnologías sociales, económicas y ecológicas, que después puedan ser replicables en comunidades locales (pueblos, barrios...) y organizaciones humanas (asociaciones culturales, empresas, instituciones públicas...), a la par que se invita a la gente a formarse en dicho conocimiento y se la capacita para poder intervenir en los ámbitos en que dichas personas viven o trabajan. En este sentido, un grupo de educadores con muchos años de vida y experiencia en diferentes ecoaldeas de todo el mundo, crearon en 2004 Gaia Education, una organización que promueve una aproximación holística en la educación para la sostenibilidad. Su programa educativo, llamado EDE (Educación para el Diseño de Ecoaldeas) ha sido elegido como una contribución oficial a la Década para la Educación en Desarrollo Sostenible de Naciones Unidas. Una versión de dicho programa es la base del curso de Diseño para la Sostenibilidad que ofrece la Escuela de Cooperación de la UOC.

Referencias bibliográficas

Barton, Hugh, ed. Sustainable Communities. The Potential for Eco-Neighbourhoods. Earthscan, 2000
Jackson, H. y Svenson, K. Ecovillage Living. Restoring the Earth and Her People. Green Books, 2002
Jackson, R, ed. The Earth is Our Habitat. Gaia Trust. [Una versión electrónica en español se puede conseguir en http://www.selba.org/SelbaPublicaciones.htm]
Langford, Andy. Desarrollo de comunidades sostenibles. Manual para trabajadores de campo. Ed. por el autor, 1995. Se puede conseguir una copia electrónica de este manual en http://www.selba.org/SelbaPublicaciones.htm
Kuri, L, ed. Bienvenidos a casa. Vivencia y pensamiento biorregional. Ayotl, 2003
Wackernagel, M. y Rees, W. Nuestra huella ecológica. Reduciendo el impacto humano sobre la tierra. Ed. Santiago, 2001
Warburton, Diane, ed. Communities & Sustainable Development. Earthscan, 2000.

Recursos

Ecohabitar. Revista de Bioconstrucción, Permacultura y Vida Sostenible
Red Europea de Ecoaldeas, GEN-Europe
Gaia Education, formación en diseño de organizaciones y comunidades sostenibles
Red Ibérica de Ecoaldeas, RIE
Movimiento de transición, habla hispana