Pasado, presente, futuro

En Sidharta, Herman Hesse comenta el gran secreto del río, para quien no existe el tiempo, pues fluye como un presente continuo que se mantiene invariable. En todo momento, el río comprende su pasado, su presente y su futuro. Cualquier lugar del río lleva agua que una vez estuvo en la fuente y que en otro momento estará en la desembocadura, para volver a empezar más tarde cuando el sol la devuelva de nuevo a la tierra. Tal vez esa pequeña molécula de agua que brotó de la montaña sienta el vértigo del paso de la vida conforme avanza entre los márgenes del río, y es muy posible que al llegar al mar y antes de fundirse con el agua salada perdiendo así su identidad, tenga tiempo de reflexionar sobre su efímera vida, los momentos dulces y los amargos. Pero el río sigue fluyendo, sin límites, sin tiempo, llevando un agua que se renueva una y otra vez.
Jorge Manrique acertó al decir que “nuestras vidas son los ríos que van a parar al mar”, pero no porque nosotros seamos el agua y el mar sea la muerte, sino porque en realidad, más allá de la apariencia de un final ineludible, nosotros somos los ríos que mantenemos vivos el ciclo del agua/vida en la Tierra. Para verlo así, basta con dejar de pensar que somos esa insignificante gota de agua, tan igual al resto de gotas de agua que viajan por el río y que se dirigen sin cesar a un final establecido, para empezar a vernos como parte de un río que nos contiene a todos y que recicla continuamente el agua de la vida.
El río que soy contiene todo mi pasado, mi presente y mi futuro, además de contener el tuyo y el de otros muchos seres que nos acompañan en este viaje interminable. En cada momento de mi vida, el pasado está presente en lo que hago o digo. Está presente en mis recuerdos, que no son los restos de algo que ya pasó, sino algo que continua vivo dentro de mi, en alguna parte de mi ser/río que se actualiza en instantes mágicos de pura reminiscencia. Momentos en los que parece que el pasado salta al presente, trayéndonos recuerdos tan vivos que diríamos están ocurriendo ese mismo instante. Desde nuestro ser río, la reminiscencia no es escarbar en el baúl de los recuerdos pasados para traerlos al presente, es simplemente conectar con alguna parte del curso alto de nuestro ser para actualizarla en un presente de consciencia. De la misma manera que al mirar sólo somos conscientes de una pequeña parte de lo que vemos, mientras el resto, muchas veces destalles increíbles, nos pasan desapercibidos hasta que ocurre algo que llama nuestra atención y nos fijamos en ello trayéndolo a la luz de la conciencia, también la reminiscencia actúa como una llamada a nuestro ser para que en ese momento se fije, pongamos luz y conciencia en alguna parte de nuestro ser atemporal que requiere nuestra atención.
La reminiscencia no nos lleva al pasado, nos trae una parte de nuestro ser río al centro de atención de la conciencia. En realidad, la reminiscencia, como los sueños premonitorios, no nos conecta necesariamente con recuerdos —que en realidad no existen como tales—, sino con cualquier parte de nuestro ser río, incluso con aquello que en la perspectiva temporal llamamos futuro. Cuando soñamos, cuando dejamos que nuestra mente vague sin intención, cuando abrimos el foco de nuestra conciencia en la dimensión temporal, lo que nos llega no son recuerdos ni intuiciones adivinatorias. Son rabiosas actualizaciones de un ser que se despliega en su totalidad en cada instante. Son mensajes que contienen una información muy valiosa para vivir el ahora. La reminiscencia, como la intuición, es un despertar accionado por algún mecanismo interno de nuestro ser para que prestemos atención y conciencia a algo que está ocurriendo en algún momento de nuestra vida, pasada o futura.
El futuro no está por ello determinado, como no lo está el pasado. El agua de la vida se renueva en cada instante en todo el curso del río, creando infinitos pasados e infinitos futuros. Si dejo vagar libremente mi mente, ahora soy el niño que corre libre por los campos, y también ahora soy el niño que trabaja duro en casa para ayudar a salir adelante a la familia. No hay un antes y un después. Soy ese niño libre y trabajador a la vez, ambos están en este mismo instante en alguna parte de mi ser. Igualmente, el anciano que ya hay en mi se expresa en el ahora de muchas maneras. A veces puedo verlo en sueños y sé que me habla y me comenta cómo transcurre mi vida en la parte baja de su curso. Otras veces se expresa a través de una palabra, una intuición, un pensamiento que me llega desde muy dentro, y que encierra una gran sabiduría. Todo lo que he sido y no he sido, todo lo que seré en sus infinitas posibilidades coexiste en mi en un presente sin tiempo, y de alguna manera también determina lo que soy en cada instante. Como dice Fred Alan Wolf en su libro Mind into Matter, dadme un principio y un final y la conciencia creará una historia perfectamente encajada en ellos. A veces, ambos extremos están en el pasado y la historia parece un recuerdo, otras veces están en el futuro y viviremos la historia como una intuición.
Si mi ser no es una pequeña gota de agua que tiende a fundirse en el mar, tampoco es todo el río. Mi ser es una parte del río, una corriente difusa que lo recorre en su totalidad en cada instante, y que comparte el cauce con otras muchas corrientes, otros muchos seres. En cada instante, las corrientes que acompañan mi presente cambian, pero todas están ahí, en algún lugar del río de la vida. Mi conciencia individual me confunde al hacerme creer que sólo existe lo que percibo como estando ahí afuera en un momento determinado del tiempo y del espacio. Si sólo eres real cuando estás ahí, frente a mi, fuera de mi, si sólo en esos momentos puedo sentirte, sentir tu calor, tu presencia cálida y acogedora, ¿qué me cabe esperar cuando te alejes de mi, cuando desaparezcas de esa pequeña porción de espacio y tiempo en que nos encontramos? Sólo dolor y nostalgia por tu ausencia. Pero si amplio mi conciencia al punto de diluir esa finitud espacial y temporal para comprender el flujo de la vida en toda su plenitud, entonces te reconozco  y te siento en el pasado, donde ya nos encontramos varias veces, de la misma manera que te reconozco y te siento en el futuro, donde nos volveremos a encontrar. Tú apareces una y otra vez a mi lado, en mis recuerdos, en mis sueños, en mis intuiciones. Siempre estás presente junto a mi.