Facilitación. El arte de crear comunidad
¿Quién no se ha sentido alguna vez impotente y triste al ver
que un proyecto en el que habíamos puesto tanta ilusión se venía
abajo por las tensiones y conflictos entre la gente? ¿Quién
no se ha sentido frustrada de ver cómo tantas reuniones se alargaban
más de la cuenta para no llegar a ninguna parte? ¿Quién
no se ha sentido enojada cuando sus propuestas no eran ni siquiera consideradas
en una asamblea que sólo parecía respetar la palabra de las
más fuertes? ¿Quién no se ha sentido víctima inocente
de acciones que otras han decidido sin escuchar nuestros ruegos? ¿Quién
no se ha quedado callada en una reunión, sin llegar a abrir la boca,
cuando internamente sentía que tenía tantas cosas por decir?
¿Quién no se ha sentido alguna vez abrumada por la falta de
amor y cuidado en tantos grupos de los que hemos sido parte? ¿Quién
no se ha sentido bloqueada e incapaz de decir a otra persona lo que tanto
queríamos decirle y que tan cuidadosamente habíamos preparado?
¿Quién no se ha sentido herida por las palabras que otras han
pronunciado inconscientemente?
¿Quién cree todavía que estas situaciones son inevitables?
¿Eres de las que piensan que no hay nada que hacer, que el ser humano
es así, o que es inútil rebelarse contra un destino que pone
cada una en su sitio? ¿O tal vez eres de las que creen que es bueno
que todo el mundo pase por tales situaciones, que es bueno aprender del sufrimiento
y del fracaso, como tú lo has hecho, porque eso nos hace más
fuertes? ¿O tú nunca pasaste por estas situaciones y no entiendes
cómo otras personas tienen tantos problemas o se están quejando
siempre de su suerte? Si has vivido alguna experiencia parecida, ¿te
has preguntado alguna vez si podrías hacer algo para solucionarla?
¿Te interesaría saber cómo afrontar tales situaciones
de una manera positiva para ti y para el grupo del que eres parte? Y si nunca
tuviste problemas en tu relación con las demás, nunca tuviste
miedo, nunca sufriste las acciones de otras, nunca te sentiste atacada, herida
o marginada, ¿te has preguntado alguna vez si no sería que eras
tú quien daba miedo, que eras tú la que atacabas, herías
o marginabas? ¿Nunca te has extrañado de las reacciones de otras
personas ante algunas de tus palabras o actos?
¿Qué sabes de ti mismo? ¿Qué sabes de cómo
te comportas en tus relaciones de pareja, en tu familia, en tu grupo de amigas,
en tu lugar de trabajo, en tu barrio, con la gente en general? ¿Recuerdas
que alguna vez alguien te hablara de estas cosas, de cómo nos relacionamos,
de cómo gestionamos nuestra fuerza, de cómo nos condicionan
nuestros miedos, de cómo comunicamos nuestras opiniones, expectativas
y deseos, de cómo podríamos cooperar con otras personas, de
cómo tomar decisiones en común, de cómo solventar nuestras
diferencias? ¿Aprendiste algo de esto en la escuela, en casa, en tu
trabajo? ¿Te explicó alguna vez alguien hasta qué punto
estamos condicionados por los roles que hemos creado a lo largo de nuestra
vida, unos roles que tanto nos protegen como nos impiden crecer y desarrollarnos?
¿Te explicó alguna vez alguien que el miedo que rige la mayor
parte de nuestros actos, que nos lleva a ser agresivas, huidizas o defensivas,
es un producto secundario de una cultura individualista y fragmentada como
la nuestra?
¿Te han dicho alguna vez que es posible aprender a vivir en grupo y
romper nuestro individualismo, que es posible crear un espacio de seguridad
y confianza donde todas podamos expresarnos sin miedo, donde podemos dejar
de lado todas las corazas que cargamos para protegernos y mostrarnos tal como
somos, que es posible aprender de lo diferente y de quien se siente diferente?
¿Acaso no sabes que hay muchas personas en el mundo que están
explorando fórmulas para una convivencia pacífica y basada en
el cuidado, cooperativa y mutuamente enriquecedora, y capaz de acoger a la
diversidad de seres que pueblan el planeta? ¿No te gustaría
formar parte de grupos donde esto fuera así? ¿No te gustaría
reencontrar tu ser participante, esa parte de ti que busca interactuar libremente
con las demás, que quiere participar en proyectos comunes por los que
se expresa creativamente una visión, que gusta de sentir la fuerza
y el misterio de toda apuesta colectiva? ¿No te han dicho nunca que
cambiar el mundo está en tus manos, que tú sola puedes cambiar
la dinámica interna de los grupos de los que eres parte, que tú
tienes en ti todo lo que necesitas para transformar tu mundo y tu entorno?
O ¿tal vez te lo han dicho y no te lo has creído?
Si has llegado hasta aquí sin abrumarte con tanta pregunta, tal vez
porque ya habías pensado en ello, tal vez porque te gustan los retos,
tal vez porque has comprendido que todas las preguntas se reducen a una sola,
algo así como ¿cómo podemos vivir juntas y ser felices?,
es posible entonces que quieras saber algunas respuestas, sin perder tu escepticismo,
claro, si es lo que te domina ahora, o tu entusiasmo, si es de donde partes.
Me resulta imposible dar una respuesta simple a una pregunta tan compleja
como ésta, pero sí me atrevo a decir que todo aquello que necesitamos
para vivir y trabajar juntas en armonía se puede aprender. Podemos
aprender a conocernos mejor y a conocer mejor a las personas que nos rodean,
podemos aprender a desarrollar la confianza en nosotras mismas y a crear confianza
alrededor, podemos aprender a comunicar mejor con nuestro ser interno y a
comunicar mejor con el resto del mundo, a tomar decisiones consensuadas que
todas puedan aceptar, a resolver y transformar positivamente nuestras tensiones
y conflictos con quienes se muestran diferentes y valoran su diferencia, a
cooperar con las demás en la realización de una visión
común que nos permite expresarnos creativa y artísticamente,
a celebrar lo que somos, lo que hemos logrado entre todas, lo que podemos
llegar a hacer; y podemos aprender a honrar ese espacio de convivencia en
el que caben todas las voces, en el que la unidad se manifiesta como un prisma
de múltiples caras que reflejan la gran diversidad de seres que somos
y que conforman una comunidad.
Podemos aprender todo esto y convertirnos en las élderes que toda comunidad
necesita, no sólo porque habremos desarrollado la capacidad necesaria
para hacer efectiva la visión del grupo o grupos de los que somos parte,
sino porque habremos madurado lo suficiente como para convertirnos en cauce
de una sabiduría profunda y colectiva que nos habla de amor y compasión,
una sabiduría que nos permitirá desbordar nuestra finitud y
explorar los ilimitados territorios de toda idea colectiva, si esa es tu inclinación,
y conectar y sentirte una con la totalidad espiritual que subyace a la realidad
aparente, si es lo que tú crees. Antes de llegar tan lejos, lo mejor
será empezar por lo más sencillo, y en esto la facilitación
puede ayudarte. La facilitación es, en primer lugar, un conjunto de
técnicas y habilidades para comunicar mejor, conocernos mejor en grupo,
tomar buenas decisiones, resolver tensiones y conflictos, aprender a cooperar
y a celebrar lo que somos. En última instancia, la facilitación
es un arte, es el arte del chamán, el arte de las élderes, el
arte de crear comunidad.
Para que nuestras anquilosadas democracias puedan avanzar, para que los grupos
y comunidades de los que somos parte sean sostenibles, necesitamos facilitadoras,
personas que quieran aprender el difícil arte de profundizar en los
procesos grupales y crear espacios seguros en los que quepan todas las voces.
Esto es algo que se está haciendo ya desde algunos grupos, como el
Instituto Internacional
de Facilitación y Consenso (ver abajo), o el
Instituto de
Procesos Globales (en inglés, Global Process Institute),
o el Instituto de
Asuntos Culturales (en inglés, Institute of Cultural Affairs),
por poner algunos ejemplos. También es algo que desde hace tiempo nos
interesa en Selba Vida Sostenible y es por ello que nos hemos decidido a ofrecer,
por primera vez, un Curso Completo de Introducción a la Facilitación,
con el que dar a las personas interesadas la formación básica
en este apasionante campo.
Unas notas sobre el IIFAC. Entrevista con su fundadora, Beatrice Briggs
El Instituto Internacional de Facilitación y Consenso, IIFAC, es un
equipo profesional de facilitadores, capacitadores y consultores que se especializan
en procesos participativos. El objetivo es trabajar con grupos orientados
al cambio, tanto en el sector público como en el privado, en redes
nacionales e internacionales. Con su sede en Mexico, el IIFAC cuenta con un
grupo de colegas talentosos alrededor del mundo, que brindan servicios diseñados
a la medida para cubrir las necesidades de capacitación y facilitación
de sus clientes.
El IIFAC se fundó en 2002, dando cabida a una red internacional de
facilitadores y entrenadores que ha ido tomando forma a lo largo de diez años.
El enlace principal entre este grupo tan extendido y diverso fue Beatrice
Briggs, originaria de los Estados Unidos, quien comenzó a vivir en
México en 1998, donde tuvo la oportunidad de realizar un trabajo internacional,
especialmente en Latinoamérica. “Comencé a reunirme con
otros facilitadores y grupos de activistas de todo el mundo —nos comenta
Bea—. Después de un taller que di en Montevideo en 2002, un amigo
sugirió la posibilidad de crear un día el ‘Instituto Uruguayo
de Facilitación y Consenso’. La idea se me quedó grabada
y me ayudó a darme cuenta de que todos los viajes y cursos que había
dado en los últimos años habían sentado las bases para
crear una red internacional”.
El objetivo de B.Briggs era crear algo más duradero que su propio trabajo
como formadora y consultora independiente, algo que llegara a más gente
y que pudiera atraer otros profesionales que comparten su misma pasión,
con la idea de aprender y trabajar juntos. El IIFAC, nos comenta Bea, “ha
servido como una especie de puente cultural, aportando ideas y habilidades
relacionadas con los procesos participativos a lugares en los que el poder
ha estado históricamente concentrado en manos de unos pocos y donde
la mayoría de la gente no podía decidir sobre su propio futuro.
Nos proponemos presentar ideas con una cierta carga idealista, incluso radical,
de una manera que es a la vez práctica y ‘respetable’”.
Partiendo de esta filosofía el IIFAC ha trabajado preferentemente con
“la sociedad civil, porque es allí donde encontramos gente que
comparte nuestro compromiso con un mundo más justo y ecológicamente
sostenible”. No obstante, en la medida que es importante igualmente
traer el cambio al mundo de la política y los negocios, el IIFAC colabora
también en proyectos que involucran a agencias gubernamentales y organizaciones
empresariales.
Al preguntar a Bea cuáles son los proyectos más relevantes en
los que ha participado el IIFAC, nos responde que la mejor aportación
del instituto se ha dado en “facilitar acontecimientos complejos, multiculturales
y multiidiomáticos, en los que el primer objetivo es promover el diálogo
y el entendimiento mutuo necesarios para la acción”. Señala,
como un ejemplo de esto, su participación en un encuentro de mujeres,
organizado por la Caravana Arco Iris por la Paz en Ecuador, “la Aldea
de mujeres por la paz”. Más de 120 mujeres de todo Ecuador y
de todos los sectores sociales se reunieron por primera vez para tratar diversos
temas. Bea dio un taller de facilitación y consenso y al final, de
manera totalmente espontánea, los participantes decidieron redactar
un manifiesto, utilizando las técnicas, en el que se trataban los problemas
sociales, económicos y políticos en su país. “Me
encantó este resultado inesperado del taller porque salió de
la interacción entre las propias mujeres”. Como nos indica Bea,
lo mejor de este trabajo fue “crear algo que tenía un objetivo
y estructura elaborados, pero sin la pretensión de imponer una agenda
previa o producir un resultado previsto de antemano. La gente conoce bien
la diferencia entre reuniones claramente controladas por los organizadores
y otras en los que los participantes tienen una voz real”.
Para Beatrice Briggs el IIFAC está todavía dando sus primeros
pasos. Su visión es crear una estructura mejor para formar facilitadores,
participantes y personas que suelen tomar decisiones, de manera que puedan
funcionar en un entorno de colaboración. “La mayoría de
nosotros tenemos que aprender cómo hablar públicamente de aquellos
asuntos que afectan nuestras vidas, y cómo escuchar a aquellos que
tienen un punto de vista diferente al nuestro. Nuestros procesos de toma de
decisiones tienen graves fallos. Mi sueño es extender el concepto de
‘líder participador’, un líder que tiene claro que
‘nadie es más inteligente que todos nosotros juntos’ y
que es capaz de reunir a la gente para alcanzar decisiones mejores que las
que podría tomar cada persona por separado.”
Algunas de las áreas en las que está especializado el Instituto
son: Toma de decisiones por consenso, Facilitación de conflictos, Habilidades
de Facilitación, Participación Ciudadana, Liderazgo Participativo,
Mapeo de Alcances, Indagación Apreciativa, Desarrollo Organizativo
y Trabajo en Equipo.