Muchas y diversas son las causas de la situación actual de despoblación rural. Es bueno analizarlas para saber qué ha ocurrido, por qué hemos llegado a esta situación, qué es necesario corregir. Desde otra perspectiva existen experiencias, como las ecoaldeas, que atraen a la gente, incluso a lugares que parecen bastante inhóspitos. Se trata de un movimiento que ha surgido desde la necesidad de muchas personas de cambiar su modelo de vida actual, preferentemente urbano, y apostar por una forma de vida basada en un mayor respeto por el entorno y por las personas. También sería bueno que se conociera mejor este modelo y que, dado su relativo éxito en aquellos lugares en los que ha arraigado con fuerza, se tratara de experimentar y dar a conocer en aquellas regiones tan necesitadas de savia nueva en gran parte de su territorio.
¿Qué es una ecoaldea?
La definición más conocida de ecoaldea ha sido dada por Robert
Gilman, fundador del Context Institute, prestigiosa organización norteamericana
que trabaja por un desarrollo más humano y sostenible. Según
este investigador, “una ecoaldea es un asentamiento humano, concebido
a escala humana, que incluye todos los aspectos importantes para la vida integrándolos
respetuosamente en el entorno natural, que apoya formas saludables de desarrollo
y que puede persistir en un futuro indefinido”. Esta definición
recoge las siguientes ideas fundamentales:
Desde otra perspectiva, la palabra “ecoaldea” recoge en sí dos nociones fundamentales: la ecología y la aldea.
El movimiento de ecoaldeas
Se trata de un movimiento muy reciente, nacido a mediados de los años
90, pero que se está extendiendo con fuerza en todo el mundo, especialmente
en los países del Sur. En Europa el movimiento está organizado
a través de la Red Global de Ecoaldeas (GEN Europe: Global Ecovillage
Network of Europe) y tiene especial relevancia en países como Suecia,
Dinamarca, Alemania o Reino Unido. Se puede encontrar información a
través de un completo sitio en internet: http://www.gen-europe.org.
En España la Red Ibérica de Ecoaldeas, RIE, agrupa un puñado
de experiencias, algunas pioneras y otras formadas por reconversión
de grupos más antiguos. Por el momento es un movimiento incipiente,
con más proyectos e iniciativas que experiencias reales. Existe mucha
demanda por parte de gente que, viviendo en la ciudad, querría incorporarse
a alguna ecoaldea, pero la falta de lugares concretos, y especialmente la
falta de experiencias reales de pueblos que quieran adoptar este modelo como
proyecto de futuro, hace que no se pueda dar respuesta a toda esta gente,
que sigue esperando encontrar un lugar mejor para vivir.
Para tener información sobre la situación de las ecoaldeas en
España, se puede acudir a la página web de la asociación
Selba Vida Sostenible (http://www.selba.org), que desde hace años viene
trabajando en la difusión de este modelo de vida, a través de
charlas, talleres y otras actividades relacionadas.
Algunas propuestas para la repoblación
Como se ha comentado al principio, la relevancia del movimiento de las ecoaldeas
es su capacidad para atraer gente hacia el mundo rural. Es probable que una
parte de esta gente que busca ansiosa salir de la ciudad y quiere apuntarse
urgentemente a una ecoaldea, acabe abandonando cuando haya de enfrentarse
al rigor y las dificultades de la vida rural. Pero también es cierto,
como lo demuestra la experiencia de Artiborain (asociación formada
por los núcleos de Artosilla, Ibort y Aineto, cedidos por la Diputación
General de Aragón a un grupo de personas que querían recuperar
y rehabitar dichos pueblos), que si muchos de los que prueban finalmente se
van, otros muchos deciden quedarse, y no sólo en alguno de los pueblos
de la asociación, sino también en otros pueblos de la zona.
Sería interesante analizar en detalle qué buscan las personas
que deciden dejar su vida urbana para vivir en estos núcleos rurales,
escasamente habitados, o para querer vivir en una ecoaldea. Por qué
esta gente prefiere vivir en Aineto o Artosilla, antes que en un pueblo tradicional,
igualmente necesitado de nueva población.
Aun sin tener en mano tal análisis, intuyo que una posible respuesta
se basa en qué estas personas, además de vivir en un entorno
sano y cuidado, buscan fundamentalmente más comunidad y más
capacidad de decisión sobre sus propias vidas. La soledad en las ciudades
es cada vez más evidente y los seres humanos somos ante todo seres
sociales, necesitamos relaciones, especialmente relaciones entre iguales.
La comunidad ha sido una característica de todos los pueblos de este
país hasta que se produjo el éxodo a las ciudades y los pueblos
se fueron quedando vacíos. Las personas que apuestan por las ecoaldeas
quieren vivir en un entorno saludable, pero también aspiran a una forma
de vida rica en relaciones, quieren reunirse y celebrar con sus vecinos su
común existencia, y quieren también tener más capacidad
de influir en aquellas decisiones que afectan directamente a sus vidas y a
las de sus hijos, y participar en igualdad de condiciones en el diseño
de su futuro individual y colectivo. Esto no es posible en pueblo “normal”,
entre otras cosas porque las relaciones son escasas, la mayoría de
las casas están vacías y sólo se utilizan en verano,
como segunda residencia. Cuesta vivir en un pueblo que en invierno se queda
vacío. Pero también porque en los pueblos la propiedad y el
poder suele estar en manos de unas pocas personas. Los foráneos tienen
dificultades para comprar una cosa y establecerse con un negocio y apenas
se les tiene en cuenta en la toma de decisiones.
De acuerdo con lo anterior, es claro que cualquier tentativa de repoblación
pasa por un proceso de reconversión hacia un modelo de vida que, como
las ecoaldeas, haga atractivos nuestros pueblos a todas estas personas con
una firme conciencia ecológica y comunitaria, y con una enorme voluntad
para iniciar el camino de vuelta, de las ciudades al campo. Esto supone que
deben darse una serie de requisitos fundamentales para conseguir “atraer”
nuevos pobladores al mundo rural:
Conclusión
Todo lo anterior nos debería hacer reflexionar sobre el modelo de desarrollo
que queremos para el mundo rural. Si seguimos en la línea actual, en
la que el campo no es más que un apéndice de la ciudad, el lugar
del ocio y de la segunda residencia, dentro de poco nos encontraremos con
un campo muy urbanizado, muy bien preparado para acoger a veraneantes y turistas,
pero desierto y abandonado el resto del año. Si por el contrario, avanzamos
en una línea de desarrollo que sea respetuoso con la naturaleza y con
las personas, tal y como proponen las ecoaldeas, aumentaremos la calidad de
vida y seguramente también la población real de muchos territorios
despoblados.