Los
Angeles Confidencial II
Hace unos días tuve la suerte de conocer a Nader Khalili, el arquitecto
iraní que ha desarrollado la técnica del superadobe (ver Ecohabitar
nš 1) con la que construye casas de tierra, capaces de aguantar terremotos de
cierta intensidad. Animados por Esfandiar —otro iraní que vive
aquí y que conoce a Nader desde hace años—, un grupo de
ecoaldeanos fuimos a visitar Cal Earth, su centro de investigación y
trabajo, situado en la localidad de Hesperia, en el desierto Mojave, no lejos
de Los Angeles Ecovillage. Me impresionó el trabajo que está desarrollando
este hombre, con unas pocas personas y la colaboración de decenas de
estudiantes que acuden al lugar a aprender sus técnicas. Visitamos algunas
construcciones y pudimos apreciar toda su belleza, su solidez y su magnifica
integración con el paisaje. Dentro era posible sentir todo el calor de
la construcción natural, palpar el afecto manifiesto en las formas redondeadas,
soñar con la cercanía del cielo a través de las cúpulas
abiertas. Era reconfortante pensar que se puede construir de otra manera, con
materiales naturales, siguiendo formas naturales, levantando casas con alma.
Con todo, lo que más me sorprendió, y de manera muy agradable,
fue la sabiduría de este hombre. Estuvimos conversando con él
y durante una hora estuvo contándonos su visión del mundo, su
manera de entender la vida, revelándonos su alma poética con la
que baña sus explicaciones. En su discurso apenas hizo referencia a su
método de construcción, uno más entre tantos como el mismo
decía, se centró más en el ser humano. Siguiendo al poeta
iraní, Rumi, del que es traductor al inglés, la vida es la persecución
de un sueño, afirmaba. Pero no se trata tanto de que nosotros tengamos
un sueño que debemos realizar, sino de algo que está fuera de
nosotros y que nos invoca para que lo hagamos manifiesto. ¿Cuál
es tu sueño? preguntaba a alguien del grupo. Sea cual sea, síguelo
y sostenlo. Tu sueño te necesita para hacerse realidad. No lo abandones.
Y tampoco te preocupes si no se cumple completamente, tal vez no seas tú
la única persona que ha sido invocada para llevarlo a cabo. Tal vez se
trata de un sueño colectivo, una realidad que sólo se hará
manifiesta con la participación conjunta de muchas personas.
¡Cuánta sabiduría encerrada en estas palabras! Toda una
guía para transicioneros. Si no te sientes satisfecho con tu forma de
vida actual, si estás buscando caminos o modelos en los que crees que
puedes expresar mejor tu ser profundo, si piensas que te gustaría vivir
de otra manera, tal vez en una ecoaldea o comunidad, entonces ¿a qué
esperas? Si ese es tu sueño, síguelo. No busques excusas para
retardar lo que te llama. Empieza a dar los primeros pasos, busca gente afín,
recolecta información, muévete… Si tienes la suerte de tener
un sueño, no lo dejes ir. A muchas personas no les llega nunca una llamada
así, otras ni siquiera tienen la oportunidad de planteárselo,
no tienen tiempo para soñar, sólo aspiran a sobrevivir.
Y si ya has empezado. ¡Enhorabuena! Ahora viene la parte más difícil.
Sostén tu sueño. Salvo que dispongas de una gran herencia familiar,
no es fácil vivir como a uno le gustaría. Con nuestra educación
heredamos todo un sistema de valores que complica innecesariamente nuestras
necesidades. Nos acostumbramos a disponer de tantas cosas, que después
nos parece casi imposible que podamos prescindir de ellas. Y sin embargo, este
es el primer paso. Aprender a prescindir de casi todo lo que hemos heredado,
simplificando nuestra vida al máximo. Resulta difícil empezar
algo nuevo arrastrando el pesado lastre de lo que somos y tenemos. Para tomar
altura hay que soltar lastre, hacerse ligero, desapegarse de las cosas materiales.
Y a la vez hay que abrirse a nuevas experiencias, nuevas formas de ver el mundo,
viajar, al menos interiormente… Y hacer amigos. Sostener un sueño
es más fácil siendo parte de una rica y variada red de apoyo.
Una red formada por gente que comparte algunas de tus inquietudes, gente a la
que puedes recurrir en caso de apuro, gente a la que puedes convocar para pasar
un buen rato juntos. No es necesario que compartan tu proyecto, ni siquiera
tus ideas sobre el mundo, basta con sentir que conectas con ellos en algún
lugar indefinido de tu cuerpo, de tu alma. Cuanto más variada sea esa
gente, mejor. Mayores serán tus oportunidades para aprender nuevas cosas;
mayores tus posibilidades de crecer como persona. No hay nada que ayude más
en nuestro crecimiento interior que enfrentarse al reto que nos supone querer
a personas que piensan de manera diferente a nosotros.
Sé constante, persevera en tu sueño. Tal vez te resulte difícil
seguir un determinado camino, tal vez tienes que volver para atrás y
empezar en otra dirección. No importa. Lo que hacemos en concreto, nuestras
actividades diarias no son exactamente nuestro sueño. Yo empecé
estudiando matemáticas porque creía que me ayudarían a
comprender la belleza y el misterio encerrando en el universo. Durante mucho
tiempo pensé que mi sueño era ser un gran matemático, descubrir
un nuevo teorema que alumbrará un poco más nuestro conocimiento
del mundo. Cuando me di cuenta que jamás encontraría ese teorema,
dejé las matemáticas. Me pasé a la filosofía, me
fui a estudiar a París, soñando con ponerme a la altura de los
grandes filósofos franceses contemporáneos. Me leí sus
libros, me empapé de su saber y aprendí mucho de ellos. Aprendí
que ser filósofo profesional requiere un esfuerzo para el que yo no estaba
preparado. Definitivamente, tampoco ese era mi sueño. Por último
me interesé por el ecologismo, las ecoaldeas y los temas relacionados
con la sostenibilidad, especialmente la sostenibilidad social, el trabajo con
grupos, la toma de decisiones, la resolución de conflictos, etc. En ello
estoy ahora. ¿Es este mi sueño? Ya no me importa cuál pueda
ser la respuesta a esta pregunta. Con el tiempo he descubierto que no importa
lo que yo haga, siempre que lo haga porque así lo siento, siempre que
responda a una necesidad interior que requiere mi presencia y dedicación,
siempre que esté sosteniendo esa llamada. Siguiendo mis aparentemente
diferentes sueños a lo largo de mi vida, he aprendido a sostener un sueño
más profundo que quería de mi que hiciera todo lo que he hecho
porque me necesitaba con toda esa formación, porque necesitaba que fuera
la persona que ahora soy para su propia manifestación. Todavía
no sé con exactitud qué es lo que se quiere manifestar a través
de mi, pero me siento feliz por haber sostenido este sueño toda mi vida.
No te preocupes si tu sueño parece que no se va a cumplir nunca. Un error
muy común en transicioneros es pretender que lo que creemos es nuestro
sueño se lleve a cabo cuanto antes, pasando por encima de otras personas
si es necesario. Si tu sueño es crear algo que involucra a otras personas,
pretender que se haga realidad en la manera que se recrea en tu mente es condenarse
al fracaso. Cada persona tiene su propia manera de ver las cosas y por tanto
la manifestación de un sueño colectivo sólo es posible
si somos capaces de ver más allá de los detalles individuales
la verdadera esencia de lo que soñamos. Repitiendo las palabras de Nader
Khalili, el sueño no está en nosotros como individuos, nos llama
desde afuera, nos invoca para que con nuestra presencia y sostén lo hagamos
manifiesto. Jamás será lo que nosotros creemos que es. Tiene su
propia vida, es la vida. Si la vida te llama, aprende a danzar con ella.