América, América

Poco antes de volver a Los Ángeles, en un viaje de tres semanas que me había llevado hasta la isla de Vancouver, en Canadá, pasé por Eugene, una pequeña y hermosa ciudad de Oregon con una fuerte presencia de movimientos alternativos. Me alojé, como siempre suelo hacer, en el Youth Hostel de la ciudad, sin duda el mejor lugar para entrar en contacto con gente variopinta y en general apasionada por experimentar nuevas formas de vida. En una de las veladas que se solían organizar por las noches en este acogedor, y recomendable albergue, estuve hablando con un grupito de gente joven que estaban viajando por Oregon buscando lugares para un proyecto de cicloturismo alternativo que querían hacer en verano. Poco antes de despedirme, y sabiendo que yo era español, una chica del grupo me dijo toda seria: “Por favor, cuando vuelvas a España, dile a la gente que no todos los americanos somos como G. Bush”.
Me sorprendió. No habíamos hablado para nada del tema, por otra parte muy recurrente cuando se habla aquí de política. Le salió del alma. Me confirmó una vez más algo que ya he tenido ocasión de palpar otras veces: el horror y la vergüenza que sienten muchos estadounidenses por las decisiones políticas de su gobierno. No me cabe la menor duda, dada mi propia experiencia, que su preocupación es sincera y no se queda sólo en meras palabras. Muchos norteamericanos toman una posición de beligerancia activa contra muchas de las barbaridades que comete su gobierno, y se enfrentan a ellas abiertamente, utilizando todos los recursos legales disponibles, desde la denuncia pública a través de determinados medios de comunicación, hasta la convocatoria de grandes manifestaciones. Otros muchos norteamericanos van incluso más allá, y se dan cuenta de que el problema no está sólo en su gobierno, sino en el tipo de sociedad que han creado, individualista, competitiva y consumista como ninguna. También éstos se organizan y crean numerosas asociaciones para promover nuevas formas de vida, basadas en valores culturales diferentes, más cercanos a la comunidad y al respeto por la naturaleza. En estados como California, pero aún más en Washington u Oregon, el número de personas con una desarrollada conciencia social y medioambiental es realmente elevado. Algunas de las iniciativas más interesantes que he conocido en mi vida han surgido precisamente aquí. Su valor es enorme y creo que podemos aprender mucho conociendo lo que esta gente está haciendo.
Para mi, lo que me dijo aquella chica de Eugene era evidente, pero sé que en Europa un antiamericanismo tal vez exagerado nos impide ver las cosas con claridad. La sociedad estadounidense es tan compleja como pueda serlo cualquier nación europea, y de la misma manera que Aznar no reflejaba el sentir de la mayoría de los españoles, Bush tampoco representa a la mayoría de los estadounidenses. El problema en ambos casos tienen seguramente más que ver con la ignorancia y la manipulación de los grandes medios de comunicación, en manos de particulares con intereses muy claros, que con el carácter de ambos pueblos, pues exceptuando las élites, el resto de la población tiene problemas más inmediatos de supervivencia.
Un ejemplo claro de la divergencia existente entre la elige gobernante estadounidense, y no importa que sea republicana o demócrata, y una gran parte de la población, aunque especialmente en los sectores progresistas, es la política oficial en relación con Cuba. Una encuesta reciente realizada por la CNN revelaba que el 86% de los norteamericanos está a favor de la supresión del bloqueo y de un cambio de política. Muchos estadounidenses han visitado la isla (antes de la ley Helms-Burton), no como turistas, sino participando en proyectos de desarrollo con diversas asociaciones cubanas. En concreto, la fundación Núñez Jiménez de la Naturaleza y el Hombre, que tiene su sede en La Habana, ha colaborado con permacultores australianos, canadienses y estadounidenses. Por su parte, Witness for Peace, una organización internacional que tiene su sede en Washington DC, lleva años trabajando para levantar el embargo contra Cuba, y siguen enviando gente a la isla a pesar de los problemas legales que ello les puede acarrear.
Lo mejor de todo esto es que para estos estadounidenses concienciados, Cuba no es precisamente un país al que hay que ayudar para lavar su conciencia. Saben perfectamente que, con todas sus dificultades económicas, los niveles de desarrollo social en Cuba son los mejores de toda América Central, y en algunos aspectos, como la salud pública, la educación y la tasa de analfabetismo, la extensión del SIDA, etc., su situación es bastante mejor que en Estados Unidos. Si se interesan por Cuba es que porque para ellos este país es un ejemplo del que aprender. Y no sólo por su constante lucha contra el Tratado de Libre Comercio que los “gringos” quieren imponer a toda América del Sur (lucha que cuenta ahora con el apoyo de Venezuela, y en menor grado de Brasil y Argentina), o por su capacidad para satisfacer las necesidades básicas de la población, de TODA la población (lo cual no ocurre en Estados Unidos), sino porque Cuba es uno de los pocos países del mundo que ha conseguido un desarrollo social avanzado sin apenas depender del petróleo, desarrollando un alto grado de autosuficiencia alimenticia y energética. Desde que han empezado a saltar las alarmas por la previsible crisis energética que se augura en el mundo para dentro de 15 ó 20 años, algunos norteamericanos han vuelto sus ojos a Cuba y se han lanzado a aprender los sistemas que los cubanos han puesto en práctica en los últimos quince años (especialmente desde que cayó la Unión Soviética y empezó lo que ellos llaman el “periodo especial”). Ya hay varios libros publicados sobre el tema y la cita de Cuba parece inevitable (para quien quiera saber más, basta teclear en Google: peak oil Cuba, para encontrar muchas referencias sobre el tema).
El tema del petróleo, y en general el del abastecimiento energético de una población derrochadora como la estadounidense, es como todo el mundo sabe, uno de los motivos dominantes en la política exterior e interior norteamericana. Pero lo que unos, los políticos, quieren arreglar apoderándose de toda la producción mundial de petróleo, cueste las guerras que cueste, o excavando en lugares de alto valor ambiental, como Alaska, aunque ello suponga acabar con los refugios naturales de una gran variedad de animales y plantas, otros, más conscientes, alertan de las consecuencias que para el modelo de vida estadounidense tendrá la inevitable crisis energética que llegará con lo que ellos llaman el “peak oil”, el momento en que la producción de petróleo no puede crecer y los precios se disparan ante la presión de una demanda cada vez mayor. Todo el sistema de vida norteamericano, basado en el coche y el desplazamiento desde los suburbios de las ciudades, donde la gente vive, hasta el centro, donde la gente trabaja, se vendría abajo con una ligera alza de los precios de combustible, que muchos auguran para no más de 10-15 años.
Y es aquí que estos “gringos” más conscientes vuelven sus ojos a Cuba y apuestan por desarrollar otras formas de vida basadas en la comunidad, el uso sostenible de los recursos locales, la creación de cooperativas y el impulso de una economía local de escaso impacto ambiental. Más allá de las etiquetas que nos quieren imponer para dividirnos, “gringos”, cubanos, americanos o europeos somos parte de una misma aspiración básica del ser humano, vivir en paz y en armonía con la tierra.