Anecdotario es un "blog" a la antigua, más entre el diario íntimo y la reflexión vivencial. Algo abierto a vuestros comentarios que podéis enviar a: ulises@selba.org

 

25/01/09 Ambrosio – Gomera

Me dirás que no pudiste volver

Me dirás que no pudiste volver,
que ya nada te atraía allá de donde viniste,
que preferías los paseos solitarios entre palmeras y cactus,
acercarte al mar en playas de piedras negras,
o mirar a lo lejos desde el alto de los acantilados
.

Me hablarás tal vez de la gente que aquí conociste,
gente que camina despacio acariciando el tiempo con su paso,
gente dispersa en la montaña en solanas y umbrías,
en bancales aterrazados junto al agua de los barrancos.

Y me hablarás también de la gente que olvidaste
cuando todavía jugabas a ser alguien en el teatro de máscaras de barro,
todo un espectáculo de sonrisas y miradas vacías,
en busca de un amor imposible, de reconocimiento y aplauso.

Sé que recorriste todos los senderos sin perder altura,
que nunca extraviaste el camino ni los pasos,
y aunque siempre encontraste lugares donde mitigar tu cansancio,
una vez que llegaste supiste que éste era tu destino,
tu paraíso buscado, tu hogar, tu regazo.

Me dirás que no pudiste volver, que ese era el fin,
los barrancos profundos abiertos en la montaña,
los caminos sinuosos, las laderas aterrazadas, las palmeras, el barro,
pero ante todo el mar, siempre presente, al fondo esperando.

 

3/03/09 Cali

La Selva

No está muy lejos de Cali, capital del Valle del Cauca, un espacio amplio, llano y consagrado en parte al cultivo de la caña de azúcar. En coche apenas se llega en una hora, tras remontar algunas lomas y cruzar varios barrancos. Al final, tras dejar el coche ante una quebrada intransitable, basta caminar unos 20 minutos por una empinada cuesta para llegar al último lugar habitado, esa finca amable donde podría levantarse Villa Maga. Desde el porche de la casa se divisa Cali a lo lejos y en las lomas cercanas se ven algunas casas habitadas por campesinos. Al llevar la vista al frente todavía se siente la compañía del hombre, su tranquilizadora presencia.
Y sin embargo, unos metros más arriba, cruzando apenas una verja, el camino lleva al interior de la selva. Desde allí, hacia arriba, hasta los más altos Farallones, se extiende la selva, mientras se pierde toda referencia humana. El camino, abierto para llegar a una bonita cascada, a duras penas se mantiene visible, comido por la vegetación. Una vez dentro, la primera impresión es la de estar en otro mundo, como si hubiéramos cruzado una puerta mágica y nos adentráramos en lo desconocido, en lo inesperado, tal vez en lo imposible. El cielo, ese cielo extenso y azul que nos acompañaba en el llano, se mezcla ahora con las hojas y copas de los grandes árboles, de manera que el gran azul se convierte aquí en una colorida tela que casi roza nuestras cabezas. Una tela no sólo animada por sus brillantes colores vegetales, sino también por las muchas melodías y cantos de las aves que la pueblan. La frondosidad del bosque, su color y sonoridad, lo convierten en una experiencia fascinante, y también sobrecogedora.
Los peligros, que como fantasmas pueblan nuestra mente, hacen aflorar ahora nuestros miedos más profundos. El temor a la muerte, tan propio de la cultura occidental, se presenta en la selva casi como un instinto primario, provocando una sobredosis de atención a todo lo que ocurre, a todo lo que se mueve. Los ruidos extraños nos evocan la posible presencia de hombres armados. El roce de las ramas de los árboles, movidas por el viento, nos lleva a imaginar peligrosos animales que podrían saltar sobre nosotros. Ideas de este tipo se suceden una tras otra, mientras desde el fondo de la conciencia una voz nos recuerda constantemente que todo está bien, que no hay peligro alguno, que debería concentrarme en disfrutar de lo que veo y siento.
Y así sucede lentamente. Primero me dejo llevar por la majestuosidad de los grandes árboles, luego reparo en los claros, y en las quebradas y laderas que se divisan a su través, sigo con deleite el canto de los pájaros, el ruido de fondo que opera como un ronroneo incesante, me empapo de todos los colores y aromas que llegan hasta mi, muchos de ellos desconocidos u olvidados, sigo los pequeños cursos de agua que salen al paso, y poco a poco consigo tranquilizarme, olvidarme de mis miedos, incluso de mi mismo, y empiezo a sentir la magia de todo cuanto me rodea. Me invade una sensación de paz absoluta y, aunque sigo caminando, es como si el tiempo se hubiese detenido y todo mi ser se hubiera impregnado de un entorno que ya no está fuera de mi, sino que soy yo mismo.
Sólo ahora, al recordar ese momento, me percato que en ese instante sin tiempo no había lugar para la ansiedad ni el estrés, tampoco para las pequeñas o grandes ideas Nada pasaba por mi mente, ninguna tensión vibraba en mi cuerpo, sólo la totalidad y plenitud, en forma de miles de sensaciones. Por un instante, era el agua que expulsaban las hojas, la brisa que llegaba del fondo de las quebradas, el verde de los tallos y las plantas, el canto de los pájaros y el silencio que llegaba desde el fondo de los claros. Todo estaba en mi, y yo estaba en todo, abandonado, dejándome llevar, más y más, selva adentro, hacia los Farallones, hacia lo alto de las montañas, desde donde dicen se divisa el mar.
Algún día me gustaría subir hasta lo más alto y encontrarme con el Océano Pacífico al otro lado. De momento, vuelvo sobre mis pasos, y al llegar de nuevo a Villa Maga, me doy cuenta que apenas había rozado el borde de ese gigantesco ser que es la selva. Su alma es físicamente inabarcable, pero no es tan impenetrable. Bastó un paseo, un dejarme arrastrar por su fragrancia y ya sé que me llevo dentro un cachito de selva conmigo. Para siempre, conmigo.

 

19/03/09 Anandamayi (Bogotá)

No dejes de venir a mi encuentro

Pasaron los años y con ellos aprendiste a vivir, a acomodarte sin esfuerzo al puro devenir de las cosas. Aprendiste a ser feliz todo el tiempo, en la risa y en el llanto, a vivir la felicidad desde dentro, sin depender de nada externo —arraigada en ese deseo que atraviesa el alma y que te invita a hacer manifiesto un sueño—.
Ahora saboreas despacio esa calma dulce que llena de misterio el espacio en que te mueves, que te permite descubrir el silencio que hay tras el silencio de las cosas y conectar con la música que vibra en tu alma.
Asistes imperturbable a los pequeños acontecimientos que te trae la vida, te dejas llevar, disfrutas, sufres... Es un rico vivir, un estar en sintonía con las fuerzas naturales de la creación. Es sentirse pasajero del tiempo, y ver el futuro en la memoria de un presente por descubrir.
Entonces apareces de nuevo, y de alguna manera todo se va al carajo. Basta una palabra tuya, una mirada traviesa, un gesto, un silencio, y todo lo hecho se destruye en un instante. Todo el acomodo, toda la calma, la respiración lenta y profunda, el saber estar junto al misterio de la vida, todo pierde su sentido y su ser.
Sé que no eres consciente de lo que convocas con tu presencia. Sé que ni siquiera te reconoces en tus múltiples caras, en las muchas maneras en que te muestras ante mi. Pero déjame que te diga que nuestras historia viene de lejos, que ya nos encontramos antes, aunque tal vez no fueras tú, y ni siquiera fuera yo. Y que al encontrarte de nuevo, tal vez todo deje de tener sentido, pero es justamente eso lo que busco, porque entonces sé que había extraviado el camino, y que he de comenzar de nuevo. Gracias por seguir viniendo a mi encuentro.

 

26/03/09 El Escorial (Madrid)

Pensar y No pensar

Una de las actividades más importantes que puede llevar a cabo el ser humano es 'pensar'. Otra, tan importante como la anterior, es 'no pensar'. Curiosamente las dos las practicamos poco, entre otras cosas porque ambas nos convocan más allá de nosotr@s mism@s, más allá del silencio que surge cuando apagamos ese murmullo interior que parece acompañarnos siempre. Una persona no piensa por traer a la mente lo que ya sabe. Una persona piensa cuando se expone en el límite de su saber, y por tanto de su propio ser. Una persona piensa cuando, una vez recorrido el desierto del silencio interior, la voz de lo no dicho surge fresca como el agua en un oasis y nos invita a hablar para decir lo que tal vez ni siquiera nos atrevemos a decir. Por otra parte, una persona no deja de pensar por abandonarse al dormitar cómodo de un sillón, o por perderse en la fácil cháchara de una conversación amistosa, ni siquiera en la práctica de esa meditación diaria que no cuestiona su forma de vida. El pensamiento convenido se expresa igualmente en lo que hacemos, toda forma de vida es la manifestación externa de una idea. Al aceptar pasivamente una forma de vida heredada, asumimos inconscientemente una idea, un pensamiento. Para dejar de pensar, hemos de ir conscientemente más allá de toda forma de vida y encontranos con el vacío que rodea todo lo que hacemos. Más allá del vacío, más allá de los miedos que lo convierten en puro abismo, ese es el espacio del pensamiento y del no pensamiento. Allí se halla el silencio y en el silencio, la palabra que revela una verdad. ¿Estamos list@s para un nuevo viaje?

 

1/05/09 Artosilla (Huesca)

Siempre habrá un hueco para ti en mi ser

Con el tiempo he aprendido a no identificarme con lo que pienso y a ver las ideas, cualquier idea, ante mi, no dentro de mi, como si alguien me las estuviera ofreciendo, o mejor dicho como si ellas mismas se ofrecieran, buscando el canal expresivo de mi voz, de mis manos, seduciéndome para que hable por ellas, actúe por ellas. Me resulta fácil con algunas de ellas. Otras, por el contrario, me son tan queridas, que las tengo pegaditas en mi piel, y separarme de ellas, para verlas con distancia, supone un pequeño desgarrón, una punta de dolor. Mis ideas más queridas, la Naturaleza virgen, la Comunidad, la Justicia social, el Ser participante, amoroso y compasivo..., todas ellas me envuelven como un manto cálido que me protege del frío externo y me da fuerzas cuando las necesito. Me gusta hablar por ellas, expresarlas en mis palabras y acciones. Sin embargo, cuando me encuentre contigo y cuestiones mis ideas, no te preocupes, estoy listo para escucharte. Mi ser no se agota en lo que pienso, y por mucho cariño que tenga a ciertos pensamientos, siempre habrá un hueco vacío en mi ser, un espacio listo para acoger tus palabras. No se trata de que dude de lo que creo, ni de querer ser amable o consdecendiente contigo. Todo lo contrario, mi propuesta es invitarte a crear juntos un espacio de participación en el que tú y yo nos expresemos completamente, sin máscaras ni tapujos, y desde ahí dejar que emerja la sabiduría de ese ser colectivo que es tú, yo, ambos.

 

3/06/09 Artosilla

La Tierra somos tod@s

Al mirar a través de la ventana donde trabajo, dejo que mi vista se extienda en el largo horizonte de colinas y bosques de pinos y quejigos, en una primavera verde y florida, y me alegra pensar que puedo caminar tranquilo todo ese vasto y salvaje territorio, sin vallas ni carteles que digan: propiedad privada. Y cuanto más consciente soy del privilegio que supone caminar libremente por la Tierra, sentirla en mi ser a sabiendas que siempre me acoge, como acoge a todos los seres sin discriminación alguna, más me cuesta entender que los seres humanos hayamos caído en la estupidez de poner límites a lo que es de tod@s, justificando por la fuerza del derecho una forma de propiedad —la propiedad de la tierra— que no tiene ningún sentido, y que ha sido y será causa de enfrentamientos entre los que tanto tienen y los que no tienen nada. La Tierra es de tod@s, o mejor dicho, la Tierra somos tod@s, animales y plantas, ríos y montañas... ¿Cómo podemos ser tan tontos como para permitir una propiedad privada que acota, especula, explota un ser que es el verdadero sustrato de nuestra existencia?

 

1/07/09 Estella (Navarra)

El poder que tenemos

No deja de sorprenderme lo inconscientes que somos del poder que tenemos, lo mal que lo utilizamos y, como consecuencia, lo mucho que abusamos de otras personas con menos poder. Estamos tan acostumbrados a pensar que el poder está en otras manos —en las de políticos, banqueros, empresarios y ricos, famosos, militares, etc.— que nos resulta casi imposible reconocer nuestro propio poder, asumiendo una actitud victimista cuando alguien se queja de que le hacemos daño. No somos capaces de ver ese dictadorzuelo que se nos escapa a menudo —con nuestr@s hij@s sobre todo, pero también con cualquier otra persona cuando nos sentimos más fuertes— y que le gusta zanjar las diferencias de manera contundente, incluso agresiva, y por supuesto a su favor. El abuso inconsciente del poder es una de las principales causas de los conflictos, provoca deseos de venganza en las personas que sufren nuestros abusos, y nuestra incapacidad para reconocernos como agresores dificulta la resolución de cualquier conflicto. Me resulta curioso que se alcen tantas voces en contra de los abusos de poder en el mundo y que muchas de esas personas no sean capaces de ver sus propios abusos de poder, no sean capaces de reconocer su parte en sus pequeños conflictos cotidianos. Si en verdad los conflictos del mundo son un reflejo de nuestros propios conflictos, ¿no sería mejor empezar por atender el daño que producimos a quienes tenemos cerca, escuchando activamente lo que de verdad pueda haber en su queja, reconociendo nuestros roles agresores, y aprendiendo a utilizar nuestro poder por el bien de tod@s?

 

2/08/09 Artosilla

Como una cría de gorrión

De nuevo desde mi ventana observo cómo una cría de gorrión se mueve entre las hojas del sauco, inquieta y expectante ante ese mundo que se abre a sus sentidos y que le ofrece tantas posibilidades y algunos peligros. Como otros animales tiene codificados en sus genes los posibles peligros y en su momento sabrá reaccionar ante ellos, pero por suerte para ella no tiene metido en la cabeza el miedo con el que afrontamos la vida los humanos adultos. Para esa cría todo es juego, aventura, disfrute, gozo... Ni un mal pensamiento, ni un temor, ni una mirada de rabia, ni un deseo de apropiarse de nada para asegurar su porvenir... Qué lección más sencilla: vivir simple, no acumular, no tener miedo del futuro ni de tus congéneres y responder a los peligros y a las dificultades cuando surjan, y a poder ser en colaboración y sin excluir a nadie!!! Podríamos aprenderla ahora mismo, pero si es necesario, volveremos a repetirla, tantas veces como haga falta.

 

5/09/09 Ecoaldea Samara (Valencia)

Virtudes del no hacer

Cada día trato de impregnarme un poquito más de esa maravillosa idea taoísta del wu wei - 'no hacer'. Resulta tan pesado tener que hacer algo, es tal derroche de energía —personal y colectiva—, nos consume tanto a nivel interno minando nuestro cuerpo y nuestra mente, refuerza tanto nuestro sentido de lucha, control y dominación, nos aleja tanto de esa sabiduría visible en la naturaleza donde las cosas simplemente suceden, que tal vez tras varios siglos de hacer (con esfuerzo, y por supuesto violencia), los seres humanos podríamos plantearnos empezar a 'no hacer': a no hacer nada que provenga de ese ego que busca la dominación y el poder, para permitir hacer- que simplemente la sabidur’a colectiva se exprese a través de nosotras. Cada d’a soy más consciente de que no tengo que hacer nada, a la vez que me resulta más fácil reconocerme como canal expresivo de una idea (llámala comunidad, paz, justicia social, etc.) que 'hace' a través de mi.

 

2/10/09 Artosilla

Sostenibilidad económica

Ahora que parece que la idea de sostenibilidad ecológica va calando poco a poco entre la población, tal vez sea el momento de empezar a hablar de sostenibilidad social y económica. Parece claro que nuestra forma de vida no sólo no es sostenible por el impacto que tiene en la naturaleza, tampoco es sostenible la manera en que organizamos nuestras relaciones de convivencia o de trabajo. En relación con la economía, tal vez vaya siendo hora de empezar a pensar qué hacemos con nuestro trabajo, nuestro dinero y nuestra capacidad de consumir cosas. ¿Y si resultara que podemos organizar nuestras relaciones económicas al margen de lo que dictan los grandes mercados y las empresas que de ellos se benefician y establecer nuevas redes de intercambio que nos permitan satisfacer nuestras necesidades básicas (alimentos, vivienda, energía...) de una manera más justa y solidaria con los demás y con el planeta?
He aquí algunas palabras sobre las que puedes buscar información: empresa social y solidaria, consumo responsable, monedas complementarias, banca ética, dinero sin interés, etc. Y algunas ideas básicas: no esperes a que (las grandes empresas) te den trabajo, busca otras personas para crear un producto o servicio que ofreces a tu comunidad. No esperes (sólo) dinero 'oficial' por ello. Colabora en la creación de una moneda complementaria (que no tenga 'valor-interés') y trata de conseguir todo lo que necesitas dentro de una red que funcione con esa moneda. Con todo, si tienes dinero ahorrado, infórmate de donde guardas tu dinero (y qué hacen con él, y si no te gusta lo que hacen, ¿por qué no lo guardas en otro sitio, o lo pones a disposición de quien lo necesita?). Consume productos y servicios de redes locales (es la mejor manera de apoyarlas y de apoyar tu propio trabajo). Y sobre todo: Apuesta por lo colectivo y olvídate de la propiedad privada.

 

3/11/09 Ibiza

Nada condiciona mi ser expresivo

Cada día tengo más claro que hay una parte de mi ser que se debe al tiempo y a la historia, al entorno social y cultural en el que nací y viví, a la red genealógica que a lo largo de los siglos y las épocas ha ido convergiendo en esa singularidad única que soy yo, que somos cada un@ de nosotr@s. Cada día tengo más claro que existen muchos factores que condicionan mi ser: genes, familia, antepasados, país, cultura, tal vez una particular combinación de astros en el cielo, la escuela, el trabajo, etc. Todo eso me determina y me lleva a actuar con patrones sabidos. Con todo, si me preguntarais 'quién soy' nada de lo que os dijera en relación con lo anterior agotaría mi ser. De hecho, todo ello resulta bastante intrascendente, apenas un rasgo anecdótico en la descripción de un ser (el mío, el vuestro) que puede sorprender en cada gesto, en cada palabra dicha al límite de las palabras, en cada acto de amor que surge sin condiciones. Quiero conocer, y estoy aprendiendo, aquello que me condiciona y de qué manera afecta mis relaciones. Pero si de lo que se trata es de saber 'quién soy', entonces me acerco hasta el límite de lo conocido, me situo frente al abismo incondicionado que me rodea, y me dejo caer en ese vacío creador del que puede surgir cualquier cosa, una palabra sincera, un gesto de amor, una visión para un mundo mejor. Y tú, ¿dónde quieres vivir?

 

27/12/09

Pequeña lista de cosas para vivir mejor

Sentado a la orilla del río Ebro, a su paso por Zaragoza, contemplaba los remolinos que se forman en el agua, y entonces, como un remolino más, me vino a la mente, la idea de hacer una lista con algunas de las cosas que me gusta hacer, otras que debería hacer más, para vivir mejor, con mayor calidad de vida, más humanamente. Ahí van, por si os sirven:

  1. Respirar conscientemente, seguir el recorrido del aire hasta alcanzar la última de mis células, mientras la conciencia se afianza en su papel de observadora del mundo, sentir en cada respiración el fondo del mar del que procedemos, el golpear de las olas en la orilla...
  2. Pasar cada día un rato al sol, desnudo, dejándome acariciar por los rayos de luz, cálidos, envolventes, en invierno, alimentándome de la energía del universo...
  3. Andar descalzo y pisar la tierra, un rato cada día, sentir la profundidad, el ritmo de la Tierra subir por mis pies y apoderarse de mi cuerpo, sentir la humedad, el calor, la danza, la llamada del abismo...
  4. Adentrarme en el bosque, de vez en cuando, recorriendo viejos caminos ancestrales, sentándome en un claro a meditar, dejando que la vida se acerque a mi, en el sonido de un ave nocturna, en unos ojos que se ocultan en la espesura...
  5. Expresar lo que soy, lo que no soy, lo que me atraviesa o me arrebata a través de las palabras, todos los días, buscando sus secretos, su magia, abriendo nuevas vías al misterio, a lo que las palabras revelan y ocultan...
  6. Abrazar y dejarme abrazar, por la mañana, por la tarde, por la noche, un concierto de abrazos diario, empapándome de diferentes humores, calores, armonizando ritmos y corazones, más allá de cualquier disonancia...
  7. Sentir el amor todos los días, amar todos los días, vivir en el amor, en la convicción profunda de que, más allá de los roles que juego y que me permito jugar, cargados de tan variadas emociones —rabia, frustración, tristeza o indiferencia; o tal vez alegría, contento o júbilo—, más allá de lo que parece unirnos o alejarnos, mi ser se nutre de tu ser, se expande a través de ti y con ti, en una sinfonía de voces que sólo el amor puede orquestar.