Para la mayoría de nosotros el dinero es ese lobo feroz que todo lo puede comprar. Tal vez sea cierto, pero el dinero también puede y debe ser un instrumento de cambio y de justicia. El lobo feroz está dentro de nosotros mismos, en nuestros miedos y debilidades. Como no podemos competir con los bancos se nos olvida que no son el único destino posible de nuestro dinero. Que podríamos usar nuestro dinero para invertirlo en empresas solidarias y decidir sobre algunas de las cosas importantes de nuestra vida, como la salud, la alimentación, la cultura o el arte.

Nuria del Rio

Financiación Solidaria

 

 

En la actualidad existen numerosas personas que, conscientes del uso que los bancos hacen de su dinero, querrían dirigir sus ahorros hacia proyectos de carácter social, ayudar a crear empresas solidarias, participar en redes de consumo alternativo. Sin embargo, se encuentra con que no existen, al menos en España, organizaciones o estructuras que les permitan canalizar esas inquietudes. Algo está empezando a moverse en los últimos años, pero todavía es claramente insuficiente.

Existen tres niveles en los que podemos incidir con nuestra actitud en la creación de un modelo económico alternativo: ahorro, producción y consumo. Nuestros ahorros son imprescindibles para la creación de empresas solidarias en las que se produzcan bienes y servicios para la comunidad, pero estas empresas sólo podrán subsistir si consumimos conscientemente sus productos, evitándoles el juego de la competencia del mercado "libre".
En España existen unas pocas empresas solidarias y algunas asociaciones de consumidores de productos ecológicos. Es necesario que aumente el número de estas empresas y se facilite la distribución y el consumo de sus productos.

Como consumidores conscientes debemos favorecer (con nuestro consumo) la creación de sitios de distribución de productos "solidarios", aunque ello nos suponga un pequeño esfuerzo en tiempo y en dinero. Sin embargo, donde más podríamos hacer, y donde menos hacemos por falta de estructuras, es en el tema del ahorro. Todos nosotros ponemos nuestro dinero en los bancos sin preocuparnos del destino final de ese dinero. Es por tanto fundamental crear estructuras que permitan recoger nuestros ahorros para destinarlos a proyectos ecológicos y sociales.

Es verdad que existen pequeñas iniciativas de este tipo, dispersas por todo el Estado español, como la fundación Gaztelan en Navarra, la Asociación de Financiación Solidaria en Aragón, Tercer Sector en Madrid, etc., pero son muy poco conocidas y de poca envergadura. Actualmente se está creando una Red de Financiación Solidaria en todo el Estado español, que podría cumplir este papel.

En algunos países europeos, la situación se halla mucho más avanzada, habiendo llegado a crearse bancos alternativos, como el Merkur Bank de Dinamarca, el Triodos Bank de Holanda o la Banca Alternativa Suiza. Estos bancos, que en su gestión diaria funcionan como cualquier otro banco, invierten el dinero exclusivamente en aquellos proyectos éticos sobre los que todos los ahorradores están de acuerdo.

Para promover y apoyar el desarrollo de organizaciones financieras que invierten en empresas autónomas de carácter ético, ecológico y cultural, incluyendo empresas gestionadas por mujeres o por minorías étnicas, se ha creado una Red Internacional de Inversores Sociales (INAISE: International Association of Investors in the Social Economy), que aglutina colectivos de todos los países del mundo interesados en estos temas.

 

Uso de una moneda alternativa

 

Cada día más personas en el mundo utilizan dinero, pero pocas saben cómo funciona y de qué manera afecta a sus vidas. El dinero no corresponde actualmente a ningún valor determinado, como ocurría con el patrón oro. Ni equivale a un determinado tiempo de trabajo ni las unidades en uso son equiparables al valor de alguna mercancía. Su valor está ligado ciertamente a la riqueza de un país, pero su valor real de cambio se establece en el mercado.

El capitalista coloca su dinero en el mercado recibiendo por él intereses. Como los intereses varían con la coyuntura económica, el capitalista presta su dinero cuando recibe intereses altos y lo retiene cuando éstos son bajos. Aunque parezca que sólo pagamos intereses cuando solicitamos un préstamo, lo cierto es que los intereses están camuflados en todos los productos o servicios que consumimos, ya que los precios de estos productos y servicios contienen un determinado porcentaje debido al coste del interés del capital invertido en su producción. Este porcentaje se sitúa en un 50% de promedio sobre todos los bienes y servicios consumidos.

El pago de intereses, que sigue una proporción exponencial, es uno de los mecanismos más injustos del sistema económico actual, ya que sólo beneficia a un 10% de la población y perjudica en mayor o menor escala al 90% restante, que ve cómo parte de su trabajo se trasvasa en forma de intereses a una minoría privilegiada. Una posible alternativa al sistema monetario capitalista, en el cual el dinero es una mercancía cuyo "precio" (los intereses) dependen del mercado, consiste en crear una moneda local que mantenga siempre el mismo valor y libre de intereses.

Se puede utilizar como unidad monetaria el tiempo de trabajo o una parte de la riqueza colectiva de la comunidad que utilice dicha moneda. Ambos sistemas se han puesto en práctica en distintos lugares con gran éxito. En Ithaca, un pequeño pueblo de Estados Unidos, de unos 50.000 habitantes, se introdujo una moneda cuyo valor equivalía a 1 hora de trabajo. Empezó siendo utilizada por unas pocas personas, pero poco a poco se fueron juntando comerciantes, empresarios, comunidades de vecinos, etc. Otro caso sorprendente es el de Curitiva, en Brasil, pequeña ciudad con enormes bolsas de pobreza y con problemas para la recogida de basura. El ayuntamiento hizo fichas con las que se pagaba en puntos el reciclaje. Por cada kilo de basura separada se daba una ficha que servía para coger el autobús. Poco a poco esa ficha era aceptada en diversas transacciones, incluidos comercios y pequeñas empresas.

En Europa, el ejemplo más interesante lo encontramos en una pequeña comunidad del norte de Italia, Damanhur, ahora con más de 20 años de antigüedad, formada por unas 500 personas en tres asentamientos diferentes agrupados en una federación. Los fundadores pusieron en común sus ahorros personales con los que compraron terrenos y construyeron las primeras casas. Como andaban escasos de dinero líquido, decidieron emitir unos vales para utilizarlos en los intercambios internos y así poder reservas las liras para comprar cosas imprescindibles para la comunidad. Estos vales, llamados en broma "créditos", fueron reemplazando el dinero llegando a pagar con ellos todos los intercambios internos.
Sobre Damanhur puede conseguirser un interesante documento en este mismo sitio.

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