La sociedad actual es cada vez más egoista, sólo interesa el éxito, el triunfo personal. Si puedes tener dos coches y sólo tienes uno, eres un completo imbecil. Ése es el criterio.

José Saramago

Consumo responsable

 

De las funciones económicas en que nos vemos envueltos, el consumo parece ser la más determinante para el sistema. En ningún otro aspecto de la vida somos guiados, a través de la publicidad, con tanta insistencia. El resultado es que lo consumimos todo, aunque lo que nos vendan no sirva absolutamente para nada.
Los opositores a esta situación no faltan. Pero la mayoría experimenta una sensación de impotencia y afirma que no se puede competir con el poder del sistema. Y sin embargo el sistema es vulnerable y justamente, nosotros, los consumidores le podemos inflingir los golpes más duros. Podemos, incluso, paralizarlo.
Efectivamente, el sistema está en una posición de profunda dependencia del comportamiento de los consumidores y como nos teme tanto, hace lo posible para dominar nuestra voluntad. Nuestra tarea ha de ser reapropiarnos de nuestra voluntad de decisión y revalorizar el poder que tenemos.
El consumidor puede utilizar su poder en dos direcciones: por una parte, para inducir al sistema, a los productores y comerciantes, a abandonar comportamientos incorrectos. Por otra, para demostrar cómo se organizaría el cambio y reforzar el sistema productivo y comercial correcto. Para lo primero, el medio principal con el que cuenta el consumidor es el boicot; para lo segundo, el consumo crítico y responsable.

El boicot

El boicot se utiliza desde hace años en diversos países occidentales como instrumento de presión a disposición de los consumidores. En Estados Unidos hay incluso dos revistas, The Boycott Quarterly y National Boycott News, completamente dedicadas a las campañas de boicot, divididas en 5 categorías o tipos de campañas:

Se pueden distinguir dos tipos de boicots: el boicot de conciencia y el boicot estratégico. El boicot de conciencia se lleva a cabo siempre, incluso aun que se sepa que no hay posibilidades de victoria, porque satisface de todos modos la exigencia de muchas personas de tomar opciones económicas coherentes con sus valores. Es el caso de la negativa a comprar juguetes bélicos y boicotear por tanto las empresas que los producen.
El boicot estratégico, en cambio, se plantea para vencer y sólo se lleva a cabo si se considera que se dan opciones para el éxito. En este caso las empresas a boicotear se han seleccionado con cuidado, el boicot es por alguna razón concreta, se les permite rectificar antes de lanzar el boicot, se cuidan al detalle los aspectos organizativos, y se lanza la campaña con la mayor difusión posible.

El consumo crítico y responsable

Nuestra responsabilidad como consumidores no puede limitarse a boicots ocasionales en campañas específicas, sino que debe ejercerse día a día a través del consumo crítico. Y ello se traduce básicamente en escoger meticulosamente todo lo que compramos en base a dos criterios: la historia del producto (ciclo vital) y la conducta de la empresa productora.
Para hacer del consumo un acto responsable, deberíamos:

El examen de las condiciones técnicas, del medio ambiente, de la conducta de la empresa productora, de las condiciones sindicales y sociales en las que el producto se ha obtenido es fundamental para tomar opciones de consumo responsables. Pero aunque como consumidores seamos capaces de plantearnos tales preguntas (lo que ya sería un éxito en sí mismo), el problema es que en la mayoría de los casos es casi imposible obtener las respuestas.
Y desde luego, estas respuestas no las van a dar las propias empresas, porque ¿qué empresa electrónica confesaría que para producir microcircuitos descarga en el medio ambiente grandes cantidades de CFC, tan dañino para la capa de ozono? ¿o qué empresa textil expondría el cartelito en el que pusiera: "obtenido con el trabajo casi gratuito de menores en Tailandia"? Tampoco va a venir de los gobiernos, que no parecen muy inclinados a acusar a los empresarios de sus responsabilidades en la destrucción del medio ambiente o en la explotación de seres humanos.

La respuesta sólo la pueden dar organizaciones independientes de autogestión de la información, como la Ethical Consumer Research Association, ECRA, en Gran Bretaña, que publica una revista bimensual llamada The Ethical Consumer, en la que sí se dan respuestas a todas las preguntas planteadas anteriormente. De cada producto de consumo se evalúan las actitudes de los distintos productores acerca de sus relaciones con regímenes opresores, sus relaciones con los sindicatos, las condiciones laborales de sus trabajadores, los derechos sobre la tierra (desplazamiento de pueblos indígenas...), medio ambiente, márqueting irresponsable, energía nuclear, armamento, experimentos con animales, ganadería intensiva y donaciones a grupos políticos.
Se da información sobre productos "buenos" y "malos", pero lo más importante es que da a conocer formas alternativas de producción existentes, normalmente de tipo local, ecológicas y respetuosas con los derechos humanos y de los animales.

Otras organizaciones que trabajan para dar información sobre consumo responsable son:

Etiquetas ecológicas

Otra orientación posible en el consumo responsable consiste en presentar al consumidor opciones ya tomadas, indicándole a través de la etiqueta cuáles son los productos que puede comprar. Esta opción simplifica la vida del consumidor, que no debe estar continuamente indagando sobre lo que compra, pero tiene dos grandes problemas: a quién confiar la responsabilidad de establecer si un producto merece la etiqueta o no y en base a qué criterios hacer la selección. Los criterios de asignación pueden ser tan diferentes, como ocurre con algunas de las etiquetas ecológicas que empiezan a proliferar en Europa, que el consumidor duda de si realmente el producto se ajusta a sus valores o no.

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